Boris Berezowski es uno de los pianistas que mejor ejemplifica el virtuosismo, la energía y la intensidad de la escuela rusa, todavía sinónimo de interpretaciones tormentosas y momentos de inspiración desatada. En sus grabaciones y recitales siempre ha prestado especial atención a la obra de compositores injustamente olvidados, especialmente sus compatriotas Mily Balakirev y Nikolai Medtner (llegando incluso a organizar un festival dedicado a ellos), sin descuidar repertorios tan canónicos y exigentes como los de Liszt o Tchaikovsky, a los que ha sabido imprimir profundidad dramática y técnica prodigiosa.