
- SELECCIÓN EDITORIAL
- 1990 · 4 pistas · 1 h 6 min
Sinfonía n.º 7 en mi mayor
WAB 107 · “Lírica”
Bruckner solía decir que la apertura de su Sinfonía n.º 7 (1881-83) era fruto de un sueño, y lo cierto es que dicha afirmación no resulta en absoluto inverosímil. Su larga y arqueada melodía parece ascender hacia el cielo, pero la visión se desvanece finalmente y caen las sombras. El extenso primer movimiento aspira a recuperar esa visión, y al final la paciencia se ve recompensada en una coda de radiante optimismo. Por un lado, esta pieza es una conmovedora expresión de la intensa fe católica del compositor, aunque la música también refleja su amor por la campiña de su Austria natal, sus bosques, sus acogedores pueblos y sus magníficos monasterios, siempre con los Alpes como imponentes testigos. El dolor se expresa y resuelve de manera conmovedora y solemne en el glorioso “Adagio”, que termina con un espléndido homenaje a Wagner, el héroe de Bruckner, fallecido el mismo año en el que se terminó la sinfonía. El homenaje a los ritmos de las danzas rurales que tan bien conocía el austriaco impregna el emocionante “Scherzo”. A continuación, la sinfonía concluye con el final más luminoso que jamás compuso y con unos últimos compases que configuran otra espléndida reafirmación de la promesa visionaria original. Firme defensor del ritmo lento, Bruckner suele emplear en sus sinfonías pausas y bruscos cambios de dirección que pueden confundir a quien se acerque a su obra por primera vez. Sin embargo, una segunda escucha desvela que el final justifica el viaje y que, pese a la gran cantidad de emociones aquí expresadas, prevalece la alegría.