
- SELECCIÓN EDITORIAL
- 2009 · 4 pistas · 1 h 7 min
Sinfonía n.º 4 en mi bemol mayor
WAB 104 · “Romántica”
Aunque todas sus sinfonías son sin duda productos de la era romántica decimonónica, Bruckner llamó a su Sinfonía n.º 4 “Romántica” por su singular poder para evocar escenarios como los amplios bosques y los grandes ríos de su Alta Austria natal. La obertura, protagonizada por un agudo solo de trompa elevado sobre unas apacibles y resplandecientes cuerdas, es una de las más mágicas del repertorio sinfónico. El segundo movimiento, por su parte, se asemeja a una lenta y onírica procesión a través de misteriosos bosques hechizados por el canto de los pájaros. En el tercero, el emocionante scherzo parece ponerle banda sonora a una cacería, mientras que el trío ofrece un suave y melódico contraste rústico. Mucho menos acorde con el espíritu de su época, en la música de Bruckner encontramos también un profundo misticismo, casi medieval y muy ligado a las intrincadas proporciones manejadas por los arquitectos de las catedrales góticas. Esa arquitectura “espiritual” no se alcanzó fácilmente, pues el historial de revisiones de la Sinfonía n.º 4 es tal vez el más complejo de toda su trayectoria. Tras la versión original de 1874, en 1880 firmó la que se suele interpretar en la actualidad, seguida en 1887 por una nueva revisión en la que contó con la ayuda de Ferdinand Löwe, Franz Schalk y Joseph Schalk. Muchas voces afirman que en ninguna de ellas llegó a acertar con el final, aunque su emocionante crescendo es una magnífica demostración de la habilidad de Bruckner para alcanzar el clímax. La absoluta maestría de sus sinfonías posteriores se intuía ya cercana.