Tannhäuser

WWV70

En la Alemania medieval, el caballero Tannhäuser se encuentra inmerso en un mundo de placeres paganos, un reino de sensualidad desenfrenada donde gobierna la diosa Venus. Sin embargo, su alma anhela el mundo cristiano de la pureza, donde su voz le otorga el favor del landgrave de Turingia y el amor de la dama Elisabeth. Su victoria en el concurso musical del castillo parece asegurada, pero la duda que flota en el aire es si podrá cantar castos versos de amor cortés después de haber experimentado de primera mano la pasión. La lucha entre el artista visionario y la sociedad que no está preparada para su mensaje siempre fascinó a Wagner, y parte del público salió escandalizado del estreno de Tannhäuser en 1845. Y eso antes de Wagner revisara la partitura para la Ópera de París en 1861 y añadiera la que quizás sea la música más erótica del siglo XIX en el ballet “Venusberg”. En cualquiera de sus versiones, la obra tiene tanto de alegoría del arte y la sociedad como de exuberante despliegue de amor, pecado y perdón. Está repleta de coros conmovedores (como el de los peregrinos, que ya aparece en la obertura) y arias tan arrebatadoras como “Dich, teure halle” de Elizabeth y “O du, mein holder Abendstern”, cantada por Wolfram von Eschenbach, uno de los muchos personajes históricos que Wagner integró en la más vibrante de sus óperas tempranas.

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