
- SELECCIÓN EDITORIAL
- 2002 · 3 pistas · 28 min
Concierto para piano en la menor
Op. 16
Puede que durante mucho tiempo haya sido una de las obras más populares de su género, pero cuando Grieg concluyó su Concierto para piano en 1868 era prácticamente un desconocido fuera de su Noruega natal. El estreno, a cargo de Edmund Neupert en Copenhague el 3 de abril del año siguiente, tuvo una buena acogida, y durante la década siguiente la pieza se escuchó con frecuencia en toda Europa y Estados Unidos. Grieg la interpretó a menudo y realizó numerosas revisiones de su orquestación. Inspirándose en el precedente concierto de Schumann en la misma tonalidad, el primer movimiento comienza con una imponente llamada de atención y un animado tema inicial que contrasta con la meditabunda melodía del violonchelo. Este primer tema es el que guía el reflexivo desarrollo, seguido de una dramática cadencia y del retorno de la llamada inicial. El movimiento lento despliega un tema para cuerdas de gran calidez expresiva, que el piano adorna antes de exponerlo con fervor. A medida que se desvanece, el final irrumpe con una idea de gran contundencia rítmica (influenciada por las danzas folclóricas del sur de Noruega) compartida por el solista y la orquesta. La flauta se encarga del segundo tema lírico para, a continuación, ceder su papel al piano. Después, una repetición de la primera sección es interrumpida por estruendosos acordes orquestales, para acto seguido estallar en una majestuosa reafirmación del tema lírico, con el piano y la orquesta en perfecta sintonía.