Sinfonía n.º 6 en la mayor

WAB 106 · “Filosófica”

Beethoven compuso su último cuarteto de cuerda, el Op. 135, en 1826. Aunque se suele agrupar con los cuatro anteriores, escritos entre 1822 y 1826, no está claro hasta qué punto cabría hacerlo. Se trata de una obra mucho más concisa y con una estructura en cuatro movimientos bastante convencional, sobre todo si se compara con las asombrosas aventuras formales del resto de “cuartetos tardíos”. La apertura, en la que Beethoven recrea el ingenioso estilo conversacional de los innovadores cuartetos de Haydn, difiere igualmente de los intensos diálogos interiores de los Op. 127-132. Sin embargo, eso no significa que aquí no encontremos una notable profundidad y momentos increíblemente originales. El segundo movimiento, en el que Beethoven parece recrearse quitándonos una y otra vez la alfombra sobre la que bailan embelesados nuestros pies, es uno de sus “Scherzos” más audaces en lo que al ritmo se refiere. A continuación, un breve y sencillo movimiento lento incrementa la carga emocional con el devastador silencio de su parte central. Beethoven concibió originalmente este “Lento assai, cantante e tranquillo” como octavo y último movimiento del Op. 131, pero finalmente decidió que requería un contexto diferente. “La difícil decisión” del último movimiento aparece precedida por una sombría y lenta introducción, basada en un motivo de tres notas marcado con las palabras “¿Debe ser?”. La respuesta es el contramotivo del tema principal del “Allegro”, subrayado con la afirmación “¡Debe ser! ¡Debe ser!”. Regresa entonces la angustia de la apertura, aunque finalmente parece que la tragedia es solo una máscara tras la que se esconde la comedia. Tal y como rezan las últimas palabras que se le suelen atribuir al compositor alemán, “Aplaudid, amigos míos, la comedia ha terminado”.

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