De la misma manera que hay quien se embarca en un viaje alrededor del mundo al cumplir el medio siglo, Renaud Capuçon celebra aquí sus 50 años con un proyecto que llevaba décadas acariciando. Las sonatas y partitas de Bach, piedra angular del repertorio y prueba de fuego para cualquier solista de altos vuelos, son parte esencial de la memoria musical del violinista desde que las escuchara por primera vez en un LP de Yehudi Menuhin cuando apenas le llegaban los dedos para sujetar el arco del violín. El tiempo transcurrido, sin embargo, parece desvanecerse ante el ímpetu juvenil y el espíritu de descubrimiento con el que aborda los pasajes más exuberantes. En el otro extremo del universo bachiano, momentos de introspección como la Chacona que cierra la segunda partita revelan la brillante madurez de un virtuoso que siempre ha puesto la técnica al servicio de la emoción.